Febrero 30

Jorge Martin González Reymond

Capítulo 1

El acelerímetro

y la mezca de

los tiempos.

Sé que es difícil creer lo que les voy a contar, pero el que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla, ya lo dijo Einstein: "si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre. Y así andando por el camino del bosque me encontré de pronto frente a un claro enorme y hermosamente verde. Cualquier persona habría elegido pasear por un prado tan encantador, pero era imposible, ante mí se alzaba una red que se perdía en el cielo. 

 

Tras desistir de mi intento fue imposible regresar, la red lo cubría todo a mi alrededor y al tratar de huir, quedé atrapado como en una telaraña gigante. Luchando por zafarme llegó la noche y ya no pude luchar más, me dormí. 

Pero el sueño me duró lo que un merengue en la puerta de un colegio, de pronto un ruido incomodo, como el de un silbido metálico me despertó. La red había desaparecido, pero ante mi había una pared con un extraño instrumento que decía en un costado "Acelerímetro"
 

De no ser por lo absurdo de aquella situación me habría pasado horas mirándole, ¡era tan hermoso! Tantas lamparitas de colores que encendían y apagaban era muy placentero, pero ese ruido tan extraño me helaba la mente y no me permitía razonar con claridad. Lo más curioso del caso es que el dichoso aparato ponía pasado y futuro como dos rótulos sugestivos que más que explicar causaban pavor. Todo estaba azul, hasta yo, parecía un avatar. Y en medio de la oscuridad aquel panel tan misterioso.

Era la hora de actuar, tomé mi móvil y busqué en el diccionario la palabra Acelerímetro sin resultado, lo más cercano era acelerómetro, un aparato que mide la aceleración, pero con i no aparecía en el diccionario. Estaba convencido que es algo que no debería tocar. Pero yo soy como Gerry Spence, prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad a que se cierre movida por la convicción. Así es que haciendo acto de valor y pasando por alto que la curiosidad mató al gato toque un botón en el panel que decía: "Mezclar el tiempo."

De pronto se abrió una puerta y ante mis ojos apareció un túnel largo por el que sin pensarlo me dispuse a caminar. 

Delante de mi iban unas personas, pero no podía distinguirlas, estaban como borrosas, les llamé, pero no podían oírme. Traté de apresurar el paso pero inexplicablemente siempre iban a la misma distancia, por fin una luz al final del túnel, espero que no sea el tren, pensé. Y no, era la salida.

Las personas que iban delante de mi salieron y minutos después lo hice yo. Al fin pude alcanzarlos, pero al verlos quedé atónito. El tiempo se había mezclado literalmente.

La ciudad era del siglo XVIII y su gente también, pero en la calle había señales del tránsito y automóviles del siglo XXI.

 

Era todo tan raro que apenas daba crédito a lo que mis ojos estaban mirando. Pero una cosa no me terminaba de cuadrar, ¿por qué si veníamos por el mismo túnel, la familia aquella estaba vestida con atuendos de esa época y yo no?

 

Sé que no me van a creer, tal vez piensen que fue un montaje, pero me hice una foto con ellos para probar lo que estaba viviendo. 

Hay algo que llamo mucho mi atención, ellos no reaccionaban al verme, es como si no vieran la mezcla de los tiempos, ni siquiera se cuestionaron qué era y cómo funcionaba mi teléfono, eso sí, cuando les mostré la foto les causó mucha gracia como si nunca hubieran visto una.
Después de despedirme de esta familia, me puse a caminar por la ciudad y descubrí que no sólo había gente del siglo XVIII sino que de otras épocas también. 

 

Hay algo que llamo mucho mi atención, ellos no reaccionaban al verme, es como si no vieran la mezcla de los tiempos, ni siquiera se cuestionaron qué era y cómo funcionaba mi teléfono, eso sí, cuando les mostré la foto les causó mucha gracia como si nunca hubieran visto una.
Después de despedirme de esta familia, me puse a caminar por la ciudad y descubrí que no sólo había gente del siglo XVIII sino que de otras épocas también. 

 

Por las calles circulaba un coche de bomberos muy antiguo con gente encima del siglo XX, dos señoras disfrutaban tranquilamente de un café, de no ser por las tazas y su forma de vestir que recordaba dos pasajeras del Titanic habría sido normal. Era tan inquietante ver siempre un detalle fuera de su época, los zapatos de las señoras, la antena parabólica en el aquel techo.  

Me retraté con todo el que pude, antes de regresar a mi tiempo y para que nadie después me diga que viajar en el tiempo es imposible

Cuando ya me aburrí de tanto enredo de épocas me regresé caminando hacia la puerta del túnel y volví a entrar, de pronto todo volvió a ese inquietante azul hasta que vi aparecer ante mis ojos un letrero rojo brillante en el que podía leerse "Nu" que en sueco significa ahora, sin dudas había regresado al presente, lo recuerdo como si fuera hoy, porque llegué un 30 de febrero en pleno invierno y yo no traía abrigo.

Febrero 30